7.08.2010

Cuando un amigo se va...

Hace ya 5 años que perdimos a un gran amigo. Podría pasarme el resto de mi vida hablando de Juan, pero creo que no es necesario. Los que lo conocimos sabemos porque hasta el día de hoy seguimos extrañándolo. En mi caso jamás me imaginé verme en esta situación. Siempre esperé vernos llegar a viejos y siendo yo mayor sería él quien me enterrara a mí. Pero Dios tenía preparada para él una vida más corta que la mía. A los 31 años terminó su vida. ¡Yo estaba a dos días de cumplir 35 años! Ya hasta teníamos el plan para que nos alcanzara a comer a un restaurant. Tuve la suerte de verlo la misma tarde del accidente. Una casualidad de la vida me hizo ir a su oficina por otro asunto y aprovechamos para saludarnos. Me presentó a su jefe, se fumó un cigarro y platicamos un momento. Nos despedimos como siempre, listos para vernos a más tardar el lunes de mi cumpleaños, como siempre nos dimos un beso y un abrazo. Nunca he olvidado que sentí algo muy raro cuando nos abrazamos. Alguien más tarde me dijo que nuestros espíritus se habían dicho adiós. La cuestión es que la próxima vez que lo vi estaba en un hospital, conectado por todo tipo de tripas y con un respirador. Fueron las peores horas de mi vida. Ese ir y venir entre la vida y la muerte, viajando de la esperanza a la resignación fueron la antesala al infierno que sería mi vida en los próximos meses. La ciencia médica tiene un límite y el cuerpo de Juan también lo tuvo. Dejó este mundo y un día antes de mi cumpleaños lo enterramos. Poco después empezó mi calvario. Horas interminables de dolor, de angustia, de pensamientos macabros y pidiéndole a Dios que me llevara a mi también, para ya no vivir ese dolor. Y solo aquel Dios con el que estaba tan enojada, fue el que me ayudó a salir adelante. El que me dio fuerza para amar mi propia existencia y buscar toda la ayuda necesaria para superar esta prueba. Me tomó años de terapia, varias cajitas de Tafil, mucho Topamax, amor, valentía y fuerza para recobrar una buena parte de mi vida. La otra parte… se fue con él. Siempre lo extraño y las lágrimas no me han alcanzado para llorar su ausencia. Pero ya pasaron cinco años. Hoy lo recuerdo con amor. Nunca sé si tendré la suficiente resignación para aceptar que se haya ido tan pronto, pero si se que su muerte me dio entre otras cosas la oportunidad de re-encontrarme con Dios, de ver quiénes son mis verdaderos amigos, de valorar la vida y tratar de no desperdiciar ese precioso regalo en cosas que son inútiles o no nos dejan nada. Nunca habrá quien ocupe su lugar, y en mi corazón, tal como cuando vivía, Juan sigue teniendo uno de los lugares más especiales, porque antes de ser mi amigo, ¡fue mi hermano!
Los saludo.

Por las dudas les dejo este link, por si el video no funciona aqui.
http://www.youtube.com/watch?v=6dI3xUfkz1A



3 comments:

  1. Sin palabras Vero, te envío un fraternal y caluroso abrazo...

    ReplyDelete
  2. Vero, un abrazo y un beso enorme¡¡¡

    ReplyDelete
  3. Gracias a todos por sus comentarios, solidaridad y palabras de aliento. Estoy satisfecha de compartir una experiencia de vida con ustedes.
    Un abrazo!!

    ReplyDelete